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“Mi abuelo Evangelista: mi inspiración y mi héroe”

Tener sueños, un proyecto de vida y los mejores consejeros es fundamental para vivir saludable y motivado. Santiago Baquero da su testimonio de vida y rinde homenaje a su abuelo.

Santiago Baquero Pidghirnay es un joven de 19 años, estudia Administración de Empresas y es apasionado por la fotografía. “Me parece la mejor manera de dejar intactos grandes recuerdos”, comenta.

También practica natación y juega voleibol; se considera una persona sociable, a quien le encanta pasear, conocer nuevos horizontes y distintas culturas; sueña con estudiar actuación y quiere a los animales.

Es un ejemplo de lo que significa vivir saludable y sanamente, tener metas y propósitos, y rodearse de las mejores personas, porque esto brinda un equilibrio en la vida, y fortalece la salud física y mental.

Llegar a ello ha sido posible porque ha tenido ejemplos maravillosos en su hogar, y no duda en afirmar que “la mejor generación es la de los abuelos, ya que son los mejores consejeros, las personas que siempre están para uno, y que cuando ya no están, son las estrellas que más brillan en el cielo”.

“Me siento afortunado y privilegiado al ser el nieto menor de mi abuelito Evangelista (O Gelio, como le decía de cariño); para mí él no solo fue un héroe de guerra, de la patria, sino un gran héroe de la vida, porque a pesar de no haber nacido en una familia acomodada, logró salir adelante, siempre buscando lo mejor para su familia, amando y respetando a su esposa”, comenta con emoción. 

“Estoy orgulloso al ver ese gran ser humano que fue mi abuelito; me gusta mucho cuando alguien habla sobre lo que fue la guerra de Corea, porque me siento con la autoridad y la admiración de poder contar las historias que mi abuelito me contó”, continúa.

Un héroe de guerra

Santiago podría pasar horas enteras hablando de su abuelo Evangelista Baquero Mora, oriundo de Reventones (corregimiento de Anolaima, Cundinamarca), el mismo que se inscribió en un colegio donde estudio un año debido a que su papá (Polidoro) quería que le ayudara con la labranza de la tierra y la recolección de café.

“Le llamó la atención la vida militar y después de haberse realizado varias pruebas, lo escogieron para formar parte del batallón 3 de infantería en Corea; Estuvo en la guerra como soldado”, recuerda Santiago.

Al regresar trabajó en una obra de construcción y luego ingresaría a la Contraloría General de la Nación. “El 8 de septiembre de 1956 se casó con Alicia Silva, con quien estuvo 62 años, hasta que ella falleció el 14 de julio de 2018. Tuvieron cuatro hijos: José Arnulfo, Jesús Ernesto, Gloria Alcira y el cabo Luis Maruk”, complementa.

 

La mejor generación es la de los abuelos, ya que son los mejores consejeros, las personas que siempre están para uno, y que cuando ya no están, son las estrellas que más brillan en el cielo”: Santiago Baquero.

El valor de la familia

Para Santiago es muy importante tener qué contar y motivos para sentirse orgulloso; también es refrescante y saludable compartir en familia y escuchar a los adultos, porque tienen grandes experiencias que enriquecen la vida.

En su caso, siempre estuvo al lado de don Evangelista. “En 2019 inscribimos a mi abuelito a Asociación Colombiana de Veteranos de la Guerra de Corea (Ascove), para la celebración de los 210 años de la independencia de la República de Colombia. Asistí por ser nieto de un excombatiente de la guerra de Corea, el cual iba a desfilar”, dice con gran orgullo.

Como fotógrafo invitado, en esa celebración Santiago conoció a grandes personalidades de la vida nacional. “También asistí a la sede de la Embajada de Corea, donde sentí mucha alegría y gran orgullo al ver que después de 70 años todavía valoren y aprecien a esas personas que ofrecieron su vida por salvar un país que no era el de ellos; fue una de las mejores experiencias”, explica. 

Hoy, la vida que compartió al lado de su abuelo Evangelista Baquero Mora, quien falleció el 17 de agosto de 2020, a los 92 años de edad, es su mayor impulso y el motor que siempre lo anima a luchar por sus sueños; es también el punto de partida que le permitió interesarse por otras culturas, enriquecer su intelecto y soñar con un futuro mejor.

“Me gustó mucho conocer a su lado un poco de lo que es la cultura coreana, averiguar datos que no sabía sobre las relaciones entre Colombia y Corea del Sur; aprender sobre historia del kimchi, un delicioso acompañamiento picante, y muchas cosas más”, dice Santiago, quien sueña con ver un día la arquitectura de Seúl, su capital; probar el kimchi y “pasar por el Old Baldy (Monte Calvo, donde se libró una de las batallas de la guerra de Corea), para pensar en lo que vivieron mi abuelito y todos sus compañeros de guerra. Sería un gran honor visitar el Museo Memorial de la Guerra de Corea, y al estar allá rendirle un gran homenaje a mi abuelito”.

Las posibilidades están abiertas, gracias a los beneficios que el Gobierno de Corea del Sur brinda a los descendientes de los veteranos de guerra, como becas para estudiar y otras “oportunidades que nos brindan”.

Algunas anécdotas de su abuelo Evangelista

Santiago no pierde oportunidad para rendirle homenaje a su abuelito fallecido y, por eso, nos cuenta otras de sus historias de vida:

– Mi abuelito me comentaba que aunque Corea es un país asiático, a más de 12.000 kilómetros de distancia de Colombia, también se ven muchas cosas que existen en países de América Latina: cultivos de arroz, de papa y casas humildes.

– Uno de los momentos que más lo marcó fue, precisamente, en la guerra de Corea, en 1953. “Me contó que él era el encargado de pasar la canana al que manejaba la ametralladora y cuando el ataque de los chinos al Old Baldy se veía una ráfaga de bengalas, y entonces su compañero y amigo Víctor Obregón le dijo “Baquerito me mataron”, y eso fue muy difícil y triste para él. Mi abuelo sentía cómo la tierra se levantaba y se resbaló por la zanja. Me decía que fue gracias a las oraciones de su mamá que no lo mataron”.

– Duraron 24 días en barco desde Cartagena de Indias hasta Seúl, en Corea del Sur. Cuando llegaron, a ellos les daban las provisiones y todo lo que necesitaban, e incluso cigarrillos.

– Con mi mamá y mi abuelito, a principios del 2020, nos fuimos de mochileros en un bus desde Bogotá, cruzando por todo Ecuador, y llegando hasta Mancora, en Perú, recorriendo más de 4.000 kilómetros. Montó en un columpio con vista al abismo, subió más de 450 escalones en el Cerro de Santa Ana, en Guayaquil, a temperaturas de más de 40° en Mancora, y al otro día a temperaturas de -6° en el Volcán de Cotopaxi, llegando a más de 4000 m.s.n.m, y llegó a la casa intacto y feliz.

Escrito por MARISOL ORTEGA, periodista especializada en temas de Salud y Bienestar, y CAROLINA SÁNCHEZ, escritora e investigadora sobre Corea del Sur. Fotos: Cortesía de Santiago Baquero.

 

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3 Comments

  1. Me parece una nota muy interesante y me llegó al corazón. Qué importante conocer estas inspiradoras historias. Ojalá incluyan otras más adelante.

  2. ES BUENO QUE LQ JUVENTUD VALORE LA VIDA DE AQUELLAS PERSONAS QUE NO SOLO FUERON EJEMPLOS Y MODELOS A SEGUIR. SERES QUE VIVIERON Y COMPARTIERON SU VIDA AL LIMITE EN UNA GUERRA SIN SENTIDO QUE MAS QUE VICTORIAS DEJARON CICATRECES EN PROPIOS Y EN AQUELLOS QUE COMPARTIERON LA DEFENSA DE LA SOBERANIA DE UN PAIS ES UNA RESEÑA DE UNA PERSONA QUE FUE CAPAZ DE OFRECER SU VIDA POR OTROS SIN SABER CUAL SERIA SU RESULTADO . SON PERSONAS QUE REPRESENTAN EL VALOR Y LA VALENTIA QUE MUCHAS VECES NOS HACE FALTA EN MOMENTOS QUE NO TIENEN LA TRASCENDENCIA DE LO VIVIDO

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