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Pautas para combatir los riesgos de las enfermedades no transmisibles

Las enfermedades no transmisibles (ENT) son responsables de la muerte de 41 millones de personas anualmente, es decir, un 71% de los fallecimientos que se producen en el mundo.

Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares ocupan el primer lugar entre las ENT y tienen que ver con 17,9 millones de estas muertes cada año; seguidas por el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas, la diabetes y los trastornos de salud mental. 

Esta información fue compartida por expertos de diferentes disciplinas médicas de Argentina, Chile y Colombia, en el marco de la Semana Mundial de Acción sobre las Enfermedades No Transmisibles (ENT), entre el 6 y 12 de septiembre, en un encuentro organizado por Upjohn división de Pfizer. 

‘Actuar en contra de las ENT’ es el mensaje de los especialistas, teniendo en cuenta que dos de cada tres muertes por ENT están relacionadas con los estilos de vida y muchos de estos pueden ser modificables. 

Lamentablemente, la pandemia por la COVID-19 empeoró este panorama y las consecuencias se están viendo y se seguirán visualizando en los próximos años, como señala el doctor Álvaro Ruiz, médico epidemiólogo, profesor titular de medicina interna de la Universidad Javeriana. 

En su concepto, “estos casi dos años de pandemia van a dejar una huella enorme en la salud de las personas. Inicialmente éstas no iban a los hospitales por miedo al COVID; el que tenía una cirugía no concurría, y lo más grave es que las personas con diabetes, colesterol alto y enfermedades como el cáncer, también dejaron de controlarse. Hoy ya estamos viendo las consecuencias de esa falta de control: hay aumento en el número de infartos, insuficiencia cardíaca, y todas las ENT empeoraron”. 

Coincide con esta apreciación la doctora Dra. Mónica Katz, médica especialista en Nutrición, expresidente de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), para quien, definitivamente, “el deterioro que sufrieron las personas con ENT en este tiempo es enorme”. 

Preocupa ver como â€œniños y jóvenes que no presentaban diabetes tipo 2, propia de los adultos, ahora la tienen; también tenemos chicos de 8 años hipertensos y adolescentes con hígado graso, lo que significa que se están invirtiendo realidades. Esta es otra epidemia de muerte lenta y debemos hacer algo”, enfatizó la experta de Argentina.

Es hora de actuar  

Los especialistas invitados en la Semana Mundial de Acción sobre las Enfermedades No Transmisibles (ENT) hicieron un llamado a toda la sociedad para actuar y comenzar un camino que nos lleve a la reducción de esta problemática, lo que redunda en mejor calidad de vida para las personas y en un envejecimiento saludable. 

Coindicen en que arte de la solución reside en generar una clara comunicación médico-paciente, que dé pautas sobre la importancia de hacer actividad física, de qué manera realizarla, qué significa una alimentación saludable y -sobre todo- ponerse metas terapéuticas. A su vez, se debe contar con políticas públicas que promuevan el consumo de alimentos saludables y desalienten el consumo de bebidas azucaradas, alimentos ricos en grasas y el tabaquismo. 

La educación es definitivamente la clave en este objetivo. “Educación para evitar la inercia médica y contribuir a que los pacientes estén controlados y lleguen a sus metas; educación para los pacientes sobre los riesgos, la prevención y el conocimiento de las enfermedades, así como para la adherencia a los tratamientos e incluso para asegurarse de que sus médicos los encaminen hacia las metas que salven sus vidas”, precisó el doctor Ruiz. 

Al Estado también le competen unas tareas, entre las que están liderar estrategias que eviten el consumo de cigarrillo y brindar información sobre los alimentos en las etiquetas o rótulos, entre otros. 

150 minutos de ejercicio salvan vidas y son fundamentales para prevenir algunas ENT; también es importante consumir menos de una cucharadita de sal al día, evitar las bebidas azucaradasasistir a controles médicos, y tener adherencia a los tratamientos si ya hay un diagnóstico de ENT.   

Un claro ejemplo se da en el hogar y desde allí hay que cambiar muchas costumbres y desmitificar conceptos. â€œLos adultos son responsables de lo que se come en la casa, tiene que haber un ‘arquero nutricional’, rol representado por la madre, el padre o el responsable de la compra de alimentos y de su preparación, cuidando la calidad de alimentación y el tamaño de las porciones de los niños desde la primera infancia”, insistió la Dra Katz. 

A esto se suma la promoción del ejercicio adecuado como parte de un estilo de vida sano. “Una persona mayor, por ejemplo, necesita 150 minutos semanales de actividad física, en este caso enfocada en ejercicios de fuerza, resistencia, aeróbicos, flexibilidad y equilibrio”, indica el doctor Javier Cabrera, médico geriatra, presidente de la Asociación Colombiana de Geriatría y Gerontología. 

Otra recomendación de la doctora Katz, es â€œcomenzar con pequeñas acciones: jugar con los nietos; comprar alimentos en comercios alejados, tratando de evitar el transporte: cada cuadra caminada son 200 pasos y con 10 mil pasos prevenimos muchas enfermedades y podemos tener un peso saludable; con 14 mil pasos hay evidencia de prevención de diabetes tipo 2”.

 Pensando en su salud mental 

Además de trabajar en prevención de las ENT, de lograr un diagnóstico preciso y de iniciar un tratamiento adecuado, que se debe ir ajustando acorde a las necesidades de cada paciente, resulta fundamental trabajar en la salud mental de quienes padecen alguna ENT. 

En ese sentido, el doctor Roberto Zunkel, psiquiatra, jefe de la Unidad de Psicogeriatría del Instituto Nacional de Geriatría de Chile, explicó que hay â€œun interjuego, porque las ENT aumentan el riesgo de que una persona presente cuadros principalmente depresivos; de por sí el diagnóstico de una ENT o tener que comenzar a tomar varios medicamentos (polifarmacia) también tiene un impacto psicológico”. 

Se estima, agrega, que hasta “un 20 o 30% de las personas que cursan con hipertensión o diabetes sufren de depresión, y esta es también es un factor de riesgo cardiovascular en sí mismo y en el caso de algunas patologías neurológicas como el Parkinson, se podría llegar hasta el 50% de prevalencia de síntomas depresivos”. 

Ante esta relación es fundamental que los pacientes reciban un abordaje integral y que no se descuide por ningún motivo su salud mental, tanto como la física, para mitigar daños y secuelas mayores a futuro, que afecten la calidad de vida de las personas o pongan en riesgo su vida. 

Por eso, como reiteró Catalina Ricaurte, gerente general Clúster Andino División Upjohn-Pfizer, debemos enfocarnos en trabajar de manera integral en factores controlables como las dietas poco saludables, la inactividad física, el consumo o exposición al tabaco, así como el abuso en el consumo de alcohol, y cuando ya hay un diagnóstico, en definir unas metas y unos objetivos claros que mantengan a los pacientes controlados.

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