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La nutrición adecuada para la mujer de hoy

En cada etapa de su vida requieren nutrientes específicos y sus hábitos son ejemplo para toda la familia.

El mundo evoluciona, cambia y se reinventa, pero hay algo dentro de él que se mantiene: la importancia de una alimentación balanceada y adecuada en las diferentes etapas de la vida.

Han cambiado sí las formas de preparar los alimentos, las opciones en el portafolio de sabores, colores y aromas, y hasta las dinámicas a la hora de comer, fundamentales para compartir en un ambiente agradable y óptimo.

También se han transformado términos como dietas y regímenes alimenticios, incluso llegando a desvirtuar su sentido e importancia, mucho más en la vida de la mujer, porque ella necesita nutrientes clave que le permitan estar sana, mantener un peso adecuado, quedar en embarazo y, algo muy importante, multiplicar sus hábitos sanos en sus hijos y en las nuevas generaciones.

Para profundizar en este tema, SerSaludables.org ha invitado a Daniela Rodríguez Fernández, nutricionista-dietista de la Universidad de Antioquia, y actualmente nutricionista en la Clínica Palmira.

 

¿Cómo debe ser la alimentación de la mujer en cada etapa de su vida?

Daniela Rodríguez: Debe ser balanceada, variada; esto quiere decir que incluya todos los grupos de alimentos.

Desde la niñez hasta la adultez mayor, los nutrientes juegan un papel importante, y en cada etapa varía el porcentaje en el cual se deben consumir, dado que hay unas funciones diferentes en el organismo.

La niñez es una etapa de crecimiento y requiere mayor aporte de proteínas, grasas y carbohidratos, que son macronutrientes.

En la adolescencia, hay un desarrollo hormonal y se requiere un aporte mayor de grasa, en los macronutrientes, y de minerales como calcio, hierro y ácido fólico, así como vitaminas A y D, que nos ayudan en el proceso de la menstruación o para tener un adecuado desarrollo del feto, si llegamos a quedar en embarazo.

En la adultez y la adultez mayor, necesitamos nutrientes como proteínas, carbohidratos en menor cantidad, grasas y muchas vitaminas y minerales, con mayores aportes de calcio y vitamina D para reducir el riesgo de osteoporosis.

¿Actualmente hay una tendencia a hacer dieta, esto altera esos requerimientos de nutrientes?

D. R. : Personalmente tomo la dieta como una alimentación exclusiva para una patología, es decir, desde un punto clínico podríamos hablar de una dieta hipoglúcida, una dieta normal, una dieta modificada en nutrientes, todo ello de acuerdo con la necesidad del paciente.

Pero, es muy frecuente que mujeres de diferentes edades se ‘animen’ a hacer cualquier tipo de ‘dieta’, y esta es una palabra cuyo significado se ha desvirtuado.

Entonces, las mal llamadas ‘dietas, que sirven para reducción de peso son estrategias que se utilizan inadecuadamente, no de manera saludable, con resultados mediáticos, porque si quiero que sean a lo largo del tiempo, debo generar un cambio de hábito, y eso no se hace.

Así, puedo en tres meses bajar 10 kilos, pero luego vuelvo a las costumbres inadecuadas y subo de peso de nuevo e incluso más que antes, y esto es un error, que puede traer complicaciones y generar un daño en cualquier órgano, a largo plazo.

¿Muchas son dietas restrictivas?

D. R. : Sí. Actualmente, personas que no son profesionales de la salud en el área de nutrición se han encargado de difundir y de promocionar diferentes tipos de ‘dieta’, y la gente tiene acceso directo a ellas.

Entonces, hay dietas keto, a base de grasa; otras restrictivas de carbohidratos o de proteínas; otras a base de ayuno; algunas en las que solamente se reciben alimentos en consistencia líquida, y unas más que solamente tienen tres momentos de comida, y esto lleva a cometer errores en la alimentación y a alcanzar objetivos de manera no saludable.

No son aconsejables. Necesitamos todos los nutrientes y los deberíamos consumir a diario. El punto es consumirlos de alimentos fuentes que sean saludables y en las porciones adecuadas.

Hagamos parte de las personas que nos asesoramos con profesionales de la salud, y entendamos que los cambios se dan a lo largo del tiempo, y si yo los quiero mantener, debo volvernos un hábito: Daniela Rodríguez Fernández, nutricionista-dietista en la Clínica Palmira.

¿Ahí está la clave para el balance que se requiere?

D. R. : Sí. Resulta fundamental conocer las características de una alimentación saludable que, básicamente, es aquella completa, es decir, que aporta todos los nutrientes necesarios para el adecuado desarrollo del organismo: carbohidratos, grasas, proteínas, vitaminas, minerales y agua.

Debe ser equilibrada. Los nutrientes deben distribuirse durante el día. Por lo general los carbohidratos son entre un 55 y 60% de las calorías totales del día; las grasas, el 25% y 30%, y las proteínas entre un 12 y 15%.

Hay que tomar agua. Uno a dos litros al día es necesario, y las vitaminas y minerales suelen estar dentro del consumo de frutas y verduras.

Tiene que ser suficiente, es decir, consumir una cantidad de alimento acorde a la etapa de la vida en la que estemos, y así mismo las porciones.

Finalmente, debe ser variada, garantizando el consumo de todos los grupos de alimentos saludables, como lácteos, frutas, verduras, cereales, leguminosas, carnes, y hoy tenemos una mayor oportunidad de hacer cambios cada día y no comer todos los días lo mismo.

Pero, insisto en que varía de individuo a individuo, lo que significa que se debe adaptar a las necesidades de cada mujer, sea que haga ejercicio, esté lactando o en gestación; sea niña, adolescente o adulta.

¿Qué papel juegan las emociones en este tema de la alimentación?

D. R. : Juegan un papel fundamental y más cuando tenemos una sociedad que nos pone estándares de belleza errados; entonces, si estamos muy felices comemos mucho y más dulce o ese alimento que no deberíamos comer, pero sentimos que nos lo merecemos, sin medidas ni porciones.

Si estoy triste, como lo que me gusta porque hay que subir el ánimo. Cuando tengo ansiedad, como más, o a veces las emociones nos llevan a no consumir absolutamente nada de alimentos.

Debemos identificar cuáles son nuestras conductas y tomar la decisión de consultar con un profesional en dietética y nutrición, y uno en salud mental.

También debemos consultar si caemos atrapados en esta era de satanización de muchos alimentos, y sentimos temor a consumir alguno porque dicen que ‘engorda’ o porque ‘causa distensión’. En esos casos debe haber un acompañamiento en salud mental, porque tenemos una relación inadecuada con la alimentación.

¿Un mensaje final, al celebrar este 8 de marzo el Día Internacional de la Mujer?

D. R. : Quisiera invitarlas a todas, en cualquier etapa de la vida en la que estén, a que se asesoren de un profesional en nutrición y dietética si desean mejorar o hacer cambios en su alimentación.

Las invito también a que mejoremos nuestra relación con la alimentación: dejemos de creer que las harinas engordan, que las grasas hacen daño. Empecemos a aprender qué fuentes de grasa, de harinas y de otros alimentos debemos consumir y en qué proporciones, para que tengamos un mejor desarrollo de nuestra vida y así mismo una mayor aceptación de nuestra imagen corporal y nos sintamos mejor.  

 

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