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Alergias alimentarias, el pan de cada día para muchas personas

Suele confundirse con intolerancia a algunos alimentos o incluso haber un subdiagnóstico importante. Es necesario evitar el contacto con el alimento que causa esta reacción negativa.

Algunas personas pueden presentar una reacción adversa del sistema inmunológico luego de consumir determinado alimento, así sea una pequeña cantidad de este. Es lo que conocemos como alergia alimentaria y que suele ser una reacción a las células o proteínas presentes en las comidas.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la prevalencia de las alergias alimentarias en adultos está en el orden del 1 al 3%, mientras que en los niños suelen estar entre el 4 y el 6%.

Además, la OMS ha indicado que son más de 70 alimentos los que pueden llegar a causar este tipo de reacciones, cuyas manifestaciones pueden ir desde un ligero malestar hasta reacciones graves.

“Los síntomas pueden ser de carácter cutáneo (prurito, eritema o edema), gastrointestinal (dolor, nauseas, vómitos, diarrea o quemazón y edema de la cavidad oral), respiratorios (asma o prurito y edema de la cavidad nasal y la garganta), ocular (prurito y edema) o cardiovascular (dolor torácico, arritmias cardiacas o hipotensión, que puede llegar a causar pérdida de conciencia)”, indica la OMS.

Dichas reacciones alérgicas suelen producirse luego de unos pocos minutos y hasta una hora después de haber consumido el alimento que las causa, y pueden durar días o semanas. Su impacto y gravedad varían de acuerdo con la cantidad de alérgeno ingerida y la sensibilidad de la persona, pues no todas reaccionan igual. 

La leche de vaca ocupa el primer lugar entre los alimentos que pueden causar este tipo de alergia, seguido por otros como el huevo, el trigo, la soya, los frutos secos (maní, cacahuate, por ejemplo) y algunos tipos de pescados y mariscos.

 

Múltiples causas

El presidente del Colegio Colombiano de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica, doctor Juan Pablo Riveros, explica que son diversos los factores que pueden desencadenar este tipo de respuesta en las personas, entre ellos cita los siguientes: “El número uno es si padre o madre o ambos tienen o tuvieron alguna alergia, llámese asma, rinitis o dermatitis. Si solo uno las tuvo, la probabilidad de tener un niño alérgico es del 40%; si son ambos, se eleva al 70%”.

Otro tema clave está relacionado con la vía del parto. Si los bebés nacen por vía vaginal, reciben un elemento protector de los probióticos que tiene la vagina, esto fortalece su flora intestinal. Si nace por cesárea no se tiene esa protección y se eleva el riesgo de presentar alergias a futuro, entre ellas, las alimentarias.

Un factor más está relacionado con la lactancia materna. Si el bebé se expuso de manera temprana a la leche materna, va a estar protegido; si por el contrario, fue alimentado con leche de fórmula en biberón, se eleva el riesgo de sufrir de alergias. 

Igual pasa con los antibióticos: si un niño en sus primeros cinco años de vida recibe de manera inadecuada antibióticos, por ejemplo, por automedicación, se altera su flora intestinal y esto incrementa el riesgo de que pueda tener respuestas alérgicas, no solo a los alimentos.

Para el doctor Juan Pablo Riveros, presidente del Colegio Colombiano de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica, se debe hacer un seguimiento a la historia de las personas y entender que si algunas en su infancia o adultez presentan o presentaron dermatitis atópica, que es un tipo de alergia que se manifiesta en la piel, u otras como asma, rinitis alérgica o conjuntivitis alérgica, podrían en algún momento presentar una alergia alimentaria. Por esto, es muy importante tratar de manera temprana cualquier manifestación alérgica para prevenir otros problemas con el paso del tiempo.

En la alergia alimentaria hay compromiso del sistema inmunológico, una reacción frente a ese alimento al cual se ha expuesto. En la intolerancia alimentaria hay manifestaciones o síntomas clínicos sin alteración ni compromiso del sistema inmune.

Evitar el alimento desencadenante

Con respecto al tratamiento, expertos de la Red Internacional de Autoridades en materia de Inocuidad de los Alimentos (Infosan) han sido enfáticos en señalar que “para los afectados, la única forma de evitar las alergias alimentarias es no consumir los alimentos que las causan”, aunque esto puede ser dispendioso y requiere establecer una alimentación adecuada en casa y tomar medidas preventivas al salir, por ejemplo, a comer a un restaurante. 

A la par, como explica el doctor Riveros, hoy se trabaja en diferentes estrategias para fortalecer el sistema inmunológico así como la flora intestinal, y una de ellas es el uso de los simbióticos, que son productos que contienen dos componentes, prebióticos y probióticos, que al combinarse ayudan a mejorar la flora intestinal y a reducir el riesgo de infecciones.

Como resultado, se tienen algunas fórmulas especializadas para bebés que, por una u otra condición, no pueden recibir lactancia materna, y se ha logrado que estas tengan algunos componentes similares a los que puede aportar la leche materna a un bebé cuando se lacta de forma exclusiva y natural.

“El propósito es realizar intervenciones tempranas para reducir el riesgo de alergias y que, a largo plazo, estos niños se desarrollen bien, con menores comorbilidades y una menor posiblidad de manifestaciones de asma, rinitis o dermatitis, que pueden ayudar a perpetuar las alergias alimentarias a lo largo del tiempo”, explica el doctor Riveros.

Además de la detección oportuna y el manejo adecuado de las alergias, los estilos de vida sanos ayudan a fortalecer el sistema inmune y la flora intestinal. Por eso, se recomienda preferir frutas y verduras, consumir bastante agua y evitar los productos procesados; de igual forma, hacer ejercicio y aprender a manejar el estrés le evitan sobrecargas a su vida, a su sistema gastrointestinal y a su salud en general.

 

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