lunes, mayo 20, 2019
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Día Púrpura, para desmitificar y concientizar sobre la epilepsia

Muchas personas no entienden qué les pasa a quienes presentan una convulsión y menos aún saben qué hacer. La realidad es que hay un problema en la actividad eléctrica del cerebro, que puede incluso poner en riesgo la vida…

Pese a ser una de las enfermedades más antiguas del mundo, aún hoy sigue rodeada de temores, mitos y hasta de estigmatización. Por eso, al celebrar este 26 de marzo el Día Púrpura, en varios países se hará una pausa para hablar sobre la epilepsia, desmitificarla y concientizar sobre su impacto, prevención y tratamiento. En Colombia, la jornada es liderada por la Fundación Liga Central contra la Epilepsia.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), este trastorno neurológico afecta a “50 millones de personas, y cada año se diagnostican 2,4 millones de casos nuevos. La proporción estimada de la población general con epilepsia activa (es decir, ataques continuos o necesidad de tratamiento) oscila entre 4 y 10 por 1.000 personas”.

Colombia tiene una prevalencia de casos de epilepsia de 11,1 por 1.000 habitantes, precisa el doctor Daniel Nariño González, neurólogo, neurofisiólogo, coordinador de la Clínica de Epilepsia del Programa de Epilepsia y del Laboratorio de Neurofisiología del Hospital Universitario San Ignacio de Bogotá.

En estos pacientes, hay un aumento de la actividad eléctrica de las neuronas en alguna zona del cerebro y como resultado pueden presentarse ataques o convulsiones que pueden presentarse en una parte del cuerpo (convulsiones parciales) o en su totalidad (generalizadas).

La Liga contra la Epilepsia la define como “un síndrome cerebral crónico, caracterizado por crisis recurrentes (se repiten en el tiempo), autolimitadas (se detienen solas), de causa variada (multicausal) y que puede tener o no, hallazgos paraclínicos en electroencefalogramas, resonancias y otros exámes o pruebas”.

Sobre las causas, la OMS aclara, primero que todo, que “no es contagiosa”, y explica que “el tipo más frecuente, que afecta a 6 de cada 10 personas, es la epilepsia idiopática, es decir, la que no tiene una causa identificable”.

Aquella que tiene causas conocidas, es la secundaria o sintomática, y puede estar relacionada con “daño cerebral por lesiones prenatales o perinatales (por ejemplo, asfixia o traumatismos durante el parto, bajo peso al nacer); malformaciones congénitas o alteraciones genéticas con malformaciones cerebrales asociadas; traumatismos craneoencefálicos graves; accidentes cerebrovasculares que limitan la llegada del oxígeno al cerebro; infecciones cerebrales como las meningitis y encefalitis o la neurocisticercosis; algunos síndromes genéticos, y tumores cerebrales”.

Manejo oportuno

Uno de los problemas serios de la epilepsia se relaciona con los riesgos generados por las convulsiones, entre otros: traumas y golpes severos, ahogamientos, quemaduras u otros accidentes.

Por eso mismo, la doctora Nhora Patricia Ruiz Alfonzo, neuróloga epileptóloga del Hospital Internacional de Colombia (HIC), insiste en la necesidad de un diagnóstico cuidadoso y exacto, porque esto es fundamental para encontrar un tratamiento efectivo.

Actualmente, existen diversas formas de manejo, según la edad, las condiciones generales y el caso particular de la persona. “Lo más importante es realizar un número de estudios previos para localizar el área que está produciendo las crisis, es decir, el foco epileptógenico. De esta manera y a través de una junta interdisciplinaria, se toma la decisión y se ofrece la mejor alternativa al paciente”, agrega.

No obstante los avances en medicamentos anticonvulsionantes, con una amplia gama de opciones que cubre en su mayoría el sistema de salud, y los adelantos en exámenes y pruebas diagnósticas, hay diagnósticos erróneos y por ende manejos inadecuados de la enfermedad, como señala el doctor Iván Darío Freire, neurocirujano del HIC. En el otro extremo de la balanza está una realidad contundente, y es que un “70% de las personas que tienen un tratamiento adecuado, se mantienen controladas”.

Incluso, “después de 2 a 5 años de tratamiento eficaz y una vez desaparecidas las convulsiones, los medicamentos se pueden retirar, a criterio médico, a un 70% de los niños y un 60% de los adultos, sin riesgo de ulterior recaída”, reitera la OMS.

Cirugía a la mano

Para quienes no responden a la farmacoterapia, es decir, que pese al tratamiento no logran el control esperado de la enfermedad, surge la cirugía como una alternativa de elección.

“Para someter un paciente a cirugía existe una definición muy específica: que cuente con al menos dos esquemas de tratamiento en los que cumpla mínimo seis meses, y que haya tenido una buena adherencia a las dosis”, señala la doctora Ruiz.

En estos casos, es decir, si el tratamiento anticonvulsivante no controla las crisis o sus efectos secundarios son limitantes para el desarrollo normal de la persona, se trata de una epilepsia refractaria. “La decisión de que un paciente que es refractario al medicamento sea intervenido no es sólo de un médico que haga cirugía de epilepsia, sino de un grupo conformado por diferentes especialistas, encargados de ofrecer la mejor solución”, añaden los especialistas del grupo de Cirugía de Epilepsia Refractaria del HIC.

Hoy, existen diversos tipos de cirugía, pero en general se busca corregir o modificar el área que origina el ‘cortocircuito’ y por ende las convulsiones. Los resultados son muy positivos, mucho más cuando la causa se origina en una sola parte del cerebro.

“La cirugía de epilepsia tiene como objetivo eliminar o disminuir la frecuencia de las crisis, lo cual permitirá, en lo posible, el uso de monoterapia en dosis menores a las necesarias previas a la cirugía y mejorar la calidad de vida tanto del paciente como de sus familiares cercanos y cuidadores”, explican los doctores Daniel Nariño González y Ernesto Alejandro Esteban Caycedo, en el documento ‘Cirugía de epilepsia: evaluación prequirúrgica del paciente candidato. Protocolo propuesto para el Hospital Universitario San Ignacio’.

Por su calidad de vida

Aunque la epilepsia es multifactorial y en algunos casos no se conoce ninguna causa aparente, es fundamental que los pacientes reciban atención oportuna, debido, entre otras cosas, al impacto que genera la enfermedad en su vida y en la de su familia.

Incluso, si el caso es leve, requiere tratamiento, porque las convulsiones pueden resultar peligrosas durante ciertas actividades como conducir o nadar; en otros casos, hay personas que, debido a los ataques epilépticos, ya “no son capaces de desempeñarse en un trabajo, de tener una familia, y suelen ser dependientes de otros”, señala el doctor Freire.

Igualmente se ha encontrado que las personas con convulsiones tienden a padecer más problemas físicos (como fracturas y hematomas derivados de traumatismos relacionados con las convulsiones) y “mayores tasas de trastornos psicosociales, entre ellos ansiedad y depresión. Del mismo modo, el riesgo de muerte prematura es hasta tres veces mayor que en la población general”, precisa la OMS.

Vale recordar, que no todos los ataques o convulsiones son iguales, y solo el personal médico especializado puede definir el diagnóstico y el tratamiento más adecuado. “Se puede perder la conciencia, caer al piso, y presentar movimientos anormales en todo el cuerpo. Hay otros ataques en los que el paciente empieza a reírse sin motivo alguno, o siente malos olores cuando en el ambiente no hay nada extraño. Existen crisis no generalizadas, es decir, la persona percibe una sensación dolorosa en un lado del cuerpo, o presenta un movimiento involuntario sólo del brazo, que luego se prolonga hasta la pierna, entre otros síntomas, con pérdida o no de la conciencia ya que la convulsión no compromete ambos hemisferios cerebrales”, explica el doctor Freire.

Según la OMS, las características de las convulsiones varían y dependen de en qué parte del cerebro comienza la alteración y cómo se propaga. Ocurren síntomas temporales, como pérdida del conocimiento o la conciencia, y alteraciones del movimiento, de los sentidos (incluyendo visión, audición y gusto), estado de ánimo u otras funciones cognitivas.

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