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lunes, octubre 14, 2019
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10 de septiembre, Día Mundial de Prevención del Suicidio

¿Ha pensado en suicidarse? No tema preguntarlo; recuerde que hay preguntas que salvan vidas y esta puede ser una de ellas, como lo señala la Asociación Colombiana de Psiquiatría en su nueva campaña.

Colombia presenta un aumento progresivo de la tasa de sucidio en los últimos años, “pasando de 4,5 por cada 100.000 habitantes en 2009 a 5,93 en 2018”, lo que se ha convertido en un verdadero problema de salud pública.

Según los datos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias en su informe ‘Forensis – Datos para la Vida 2018’, el año pasado 2.696 personas se suicidaron en el país. Además, actualmente “el suicidio representa el 10,4 % de las muertes por causa externa y sobrepasa en 2,5% a la tasa establecida para Suramérica que es 7,9%”, y la problemática es mayor en población joven (43,36 %), personas entre 20 a 39 años de edad, en su mayoría hombres (82,34 %).

De igual forma, resulta “preocupante el aumento progresivo de las conductas suicidas en niños, niñas y adolescentes (entre los 5 y 17 años de edad), con una representación del 10,53 % del total de los casos de este acto fatal durante el año 2018”.

En el mundo, la situación es también muy inquietante, con un promedio de 800 mil suicidios anuales, lo que representa una muerte cada 40 segundos, precisa la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su informe ‘Prevención del suicidio, un imperativo global’, en donde se resalta también que hoy el suicidio es “la segunda causa principal de muerte entre personas de 15 a 29 años de edad”.

A esto se suma otra inquietante realidad, y es la de los intentos de suicidio, y que se deben tener en cuenta, porque “se presentan veinte veces más que los consumados y son una verdadera señal de alerta, dicen los expertos.

Así las cosas, este 10 de septiembre, Día Mundial de Prevención del Sucidio, se abren espacios de reflexión y de concientización frente a este tema, para ver que hay mucho por hacer en materia de prevención y que más de una persona está necesitando en este momento una mano amiga, a alguien que lo escuche y que lo aconseje.

Desafortunadamente, en muchos casos, hasta a los propios médicos les da temor de preguntarle al paciente en la consulta si ha pensado en suicidarse, pues creen que podrían sugerirle esa idea y facilitar un desenlace fatal; lo mismo pasa en las familias, en el trabajo y en otros círculos sociales, y lo que al final sucede es que la persona termina sintiéndose sola y abandonada.

“Nosotros como psiquiatras sabemos perfectamente que preguntarle a la gente sobre las ideas de suicidio, disminuye el riesgo y es terapéutico, si se lleva a cabo adecuadamente y se brindan las oportunidades de ayuda”, explica el doctor José Manuel Santacruz Escudero, médico psiquiatra, miembro de la Junta Directiva de la Asociación Colombiana de Psiquiatría.

Por eso mismo, la Asociación Colombiana de Psiquiatría presenta este 10 de septiembre su campaña #PrevenirEsPreguntar y que tiene como uno de sus objetivos derribar algunos mitos y romper algunos paradigmas como aquello de que hablar o preguntar sobre el suicidio va a generar la idea en las personas; perdiendo la oportunidad de que quienes piensan en el tema o ya han intentado suicidarse comprendan que alguien se preocupa por ellas, que es necesario buscar ayuda y que pueden obtenerla.

Cada vez vemos más casos de suicidio e intento de suicidio; esto ya no es algo que afecta a ciertas poblaciones, sino a cualquiera e independientemente de la edad, es decir, niños, adultos, personas mayores, y es el reflejo de algunos problemas de la salud mental del país. Por eso nace la campaña, porque uno de los puntos fundamentales como Asociación es para nosotros trabajar para disminuir las tasas de suicidio”, señala el doctor Santacruz.

En su concepto, claramente no es un asunto fácil y toca ser muy cuidadosos, para obtener los resultados deseados, “un exceso de precaución puede llevar a no hablar del tema”.

La idea es que padres, amigos y compañeros entiendan que ‘hay preguntas que salvan vidas’ y ‘tú puedes hacerlas’, lo que implica perder el miedo a hablar o a preguntar si ven cambios en el comportamiento de un hijo o hija, hermano o hermana, padre o madre, vecino o vecina, amigo o amiga, compañero o compañera de trabajo o de estudio, para promover un diálogo abierto y fundamentalmente para brindar y buscar ayuda, acompañamiento y apoyo. Esto, porque #PrevenirEsPreguntar.

Al respecto, el Ministerio de Salud y Protección Social, indica que, definitivamente, “uno de los factores de tipo social que es protector de la conducta suicida lo constituye la red de apoyo social cercana conformada por la familia, amigos cercanos y en algunos casos compañeros de estudio y trabajo, quienes pueden brindar escucha, apoyo emocional, consejo y acompañamiento a sus seres queridos en situaciones de crisis”.

#YoTambiénVoyAlPsiquiatra fue una campaña que lideró la Asociación Colombiana de Psiquiatría el año pasado, para promover la disminución del estigma de la enfermedad psiquiátrica y motivar la consulta temprana. Este año decidieron darle fuerza a la prevención del suicidio y por eso nace #PrevenirEsPreguntar.

Enfermedades de fondo relacionadas con el suicidio

El suicidio, dice la OMS, es el acto deliberado de quitarse la vida, “habitualmente relacionado con enfermedades, en su mayoría psiquiátricas. La depresión se asocia con el suicidio, pero también la enfermedad bipolar y la esquizofrenia, explica el doctor José Manuel Santacruz Escudero, médico psiquiatra y psicogeriatra del Hospital Universitario San Ignacio (HUSI).

Para la OMS, si bien el vínculo entre el suicidio y trastornos mentales está bien documentado, “muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros o las rupturas de relaciones”.

También, “las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento están estrechamente ligadas a conductas suicidas”. Ocurre lo mismo en grupos vulnerables objeto de discriminación, por ejemplo, los refugiados y migrantes; las comunidades indígenas; las personas homosexuales y los reclusos.

De igual forma, puede estar relacionado con problemas no psiquiátricos, como el hecho de recibir una noticia sobre una enfermedad grave y letal, o producto de ella tener un dolor que es insoportable y para el que no encuentra alivio; y en otros casos, el suicidio está mediado por el consumo de sustancias tóxicas y el alcohol, y detrás de estos suele haber una enfermedad del ánimo relacionada.

 Atención a los intentos de suicidio

En el mundo, y Colombia no es la excepción, las cifras de intentos de suicidio son alarmantes y también llaman la atención de las autoridades de salud. Solo en nuestro país, desde el año 2016, en cumplimiento de la ley 1616 de 2013, cuando el Instituto Nacional de Salud (INS) dio inicio a la vigilancia epidemiológica del intento de suicidio, se ha visto un incremento preocupante en las cifras reportadas. “Se pasó de una tasa de intento de suicidio de 4,12 por 100.000 habitantes a una de 36,08 en 2016 y a 52,04 en 2017 (preliminar)”, según el ‘Boletín de salud mental Conducta suicida – Subdirección de Enfermedades No Transmisibles’, del Ministerio de salud (2018).

Aquí también hay una clara relación con los trastornos psiquiátricos, siendo los más relacionados el trastorno depresivo, otros trastornos y el abuso de sustancias psicoactivas (SPA).

Se encontró, además, que el 32,1% de los casos reportados por intento de suicidio (8.299), tienen antecedentes de intentos previos, y esto lleva a tocar un tema sobre el que también hay muchos paradigmas que romper, y que hace referencia a la idea que se tiene sobre que quienes dicen que se piensan suicidar o lo han intentado, solo quieren llamar la atención.

No es así. “Con este acto, la gente está pidiendo ayuda, y si considera que ya no tiene más herramientas, este hecho no se debe devaluar, sino entenderlo como un llamado de atención extremo. Este es un factor de riesgo fundamental para el suicidio, una alerta”, dice el doctor Santacruz.

No se trata tampoco de una falta de carácter, de pobre autoestima o de debilidad, sino que hay una causa y se debe conocer, indagar e intervenir oportunamente. Según la Guía de Práctica Clínica para la Prevención, Diagnóstico y Tratamiento de la Ideación Suicida, del Ministerio de Salud, el 80% de quienes cometen suicidio, lo habían comunicado de forma directa o indirecta. Así, lo que hay que buscar alrededor del suicidio y de los intentos de suicidio es cuál es la causa e intervenir oportunamente.

En ese sentido, el doctor Paulo Daniel Acero Rodríguez, psicólogo, director Ejecutivo de Tribunales en el Colegio Colombiano de Psicólogos (Colpsic) precisa que un tema que se debe “trabajar con los padres es que nunca subestimen las manifestaciones de tristeza, de molestia, de rabia que manifiestan los muchachos”.

Si las invalidamos, al decirles, por ejemplo, que son bobadas, o no los escuchamos, cometemos un error. Ellos esperan que los padres sean los primeros que escuchen, que acojan, que validen, que pregunten por qué están sintiéndose así, qué es lo que se les ocurre y de qué manera los padres podrían serles útil. Se requiere un diálogo así, abierto, franco, que le dé al muchacho el mensaje que está siendo tenido en cuenta, no importa que las cosas sean aparentemente sutiles, eso es un elemento clave de prevención”, agrega el especialista de Colpsic.

Con los adultos mayores, que también son más vulnerables, también hay que estar atentos y no desatender sus mensajes. Ellos pueden, de pronto, hacer cosas muy sutiles, como comenzar a revisar sus cosas y despedirse, pero sin dar mucha razón. “Uno tiene que aprender a interpretar esto, porque pueden ser señales, avisos. En otros casos, pueden haber comportamientos autodestructivos, como abandonar los tratamientos, ponerse en situaciones de riesgo, caminar de noche, haciendo cosas que son riesgosas, entre otras”, indica el doctor Escudero.

Signos de alerta

Alba Reyes, directora de la Fundación Sergio Urrego, creada con el objetivo de luchar contra la discriminación y suicidio en niños y jóvenes del país, como un homenaje a su hijo Sergio, quien apagó su vida en agosto de 2014, destaca cinco pasos para prevenir ese flagelo:

  • Reconocer las señales que indican que la persona está pensando en suicidio (hablar sobre el deseo de morir, aislarse de su familia o amigos, expresar un dolor no físico, desesperación y tener grandes cambios en su estado de ánimo).
  • Observar qué factores pueden hacer que la persona no piense en el suicidio; hay que animarlos a tomar decisiones, a fomentar sus habilidades, a embarcarse en nuevas actividades y fortalecer una red de apoyo, de amigos o familiares con los que puedan hablar y estar.
  • Buscar ayuda profesional (psicólogo clínico, psiquiatra o el médico de la familia).
  • Hablar del suicidio con normalidad, donde se genere el entorno seguro, donde no haya recriminación, donde haya una comunicación asertiva desde el respeto.
  • Controlar el acceso a métodos de autolesión (vigilancia del acceso de armas de fuego, a medicamentos, a elementos cortopunzantes y al uso de internet).

Obviamente, indica la señora Alba Reyes, hay casos en los que no hay ninguna manifestación de ideación suicida ni nada hace presumir un episodio de depresión o crisis. Pero, si los nota, no lo piense dos veces, “háblele a su hijo, pregúntele ¿has tenido ideación suicida?”.

“La idea es crear entornos seguros frente al suicidio. Es decir, entornos donde ellos hablen con sus padres sobre todos los temas, incluido el suicidio; esto es ayudar a quitar estigmas y trabajar en visibilizar la realidad y prevenirla”, dice Alba Reyes.

Para tener en cuenta

  • Cuando una persona no habla y todo lo guarda para sí, actúa.
  • Se debe enseñar a los niños y a los jóvenes a afrontar las pérdidas; que entiendan que los fracasos y las adversidades son parte de la vida, y que todos tenemos recursos de resiliencia, que emergen en momentos críticos, dice el doctor Acero.
  • Un recurso elemental de resiliencia, agrega, es que “les enseñemos a expresar lo que están sintiendo, a dejar fluir, a no guardárselo, a no ir generando una carga emocional que después cause una explosión”.

 

Muchas personas son conscientes de su situación, pero prefieren no pedir ayuda; temen que les digan que son mentirosas, que exageran o que las estigmaticen. Por eso, los especialistas invitan a todos los actores de la sociedad a asumir la responsabilidad de disminuir ese estigma y darle una mano a quien lo necesita.

Escrito por Marisol Ortega Guerrero, periodista especializada en Salud.

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